En el marco de la Cuaresma y a las puertas de la Semana Santa, la marcha “Una lágrima” revive como una de las piezas más emblemáticas dedicadas a Jesús Nazareno de Candelaria. Su origen se remonta a 1924, cuando el compositor Manuel Enrique Moraga, profundamente conmovido durante una procesión de Jueves Santo, prometió rendir homenaje al Nazareno a través de la música.
La inspiración surgió de un momento íntimo: una lágrima que brotó al contemplar la imagen. Días después, esa emoción se transformó en partitura. Sin embargo, el compositor falleció ese mismo año sin escuchar su obra en versión de banda. Con el tiempo, la marcha fue adoptada como oficial por la hermandad y hoy sigue acompañando el cortejo, tocando el corazón de los fieles.